Se puede tener un día negro porque ha llovido demasiado. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué. Se puede saber que quieres a alguien, pero no tienes constancia de cómo medir eso, de saber cuando sí de verdad ha llegado a tocar fondo, a calado en los huesos.
Sabes que una despedida te pone triste, pero también que es necesaria para volver a reencontrarse, puesto que es inevitable. Se sabe cuando unos labios saben diferentes, saben a despedida, a uno de los últimos besos en mucho tiempo pero no sabes si viene acompañado de éxtasis, agonía.
También que es fácil sentir, y que sientan pero que no basta con eso, si no que hay que oírlo, y repetirlo justo ahí, en el susurro.
Porque es obvio que se tarda unos solos segundos en decir hola, y una eternidad en despedirte, pero por eso yo suelo decir hasta luego y no adiós... aunque en ese adiós hay una bienvenida, y en el hasta luego solo una espera.
Dicen que lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso, así que aunque ahora mismo no sepa, sé que algún día sabré... mientras tanto pienso pensarte y recordarte aunque nos separen ciudades, y un océano.
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